Como sobrevivir a la universidad y no trabajar en lo que estudiaste
La verdad es que aunque en el colegio me iba como las reverendas pelotas, nunca me vi a mi misma como porra ni nada, floja sí, porque en el fondo me daba una lata atroz hacer tareas y aprenderme las tablas de multiplicar de memoria o cosas por el estilo. Incluso en los ramos que sí me gustaban tampoco llegaba con las tareas hechas porque jugando a cualquier cosa, sobre todo cuando apareció el nintendo, se me borraba de la memoria hasta llegar a clases y cuando el/la profe nos pedía entregarla ponía cara de “Uhhh, yo no fui”. Al final nunca me eché un ramo en el colegio, pasaba a puros 4 y 5 pero pasaba igual que era lo realmente importante, al menos en la básica. En la secundaria tampoco me pitié nada porque el sistema es distinto en Inglaterra y pasas de curso te vaya bien o mal como sea, al final te enfrentas a todos los exámene y ahí más o menos se define tu futuro, aunque claro, no es como Chile que sin un título no es fácil llegar muy lejos.
En la universidad me fue la zorra siempre, porque con todos esos años afuera desarrollé bastante personalidad como para chamullar mi camino. Hubo ensayos que escribí pensando en que en realidad no entendía nada y estaba inventando astronómicamente y al final me sorprendía con un 6 o un 7. Por supuesto después se me olvidó todo. Después de pasar el examen de semiología con un sorprendente 7, se me borró de la mente de un paraguazo lo que es un déictico. Está demás decir que tampoco me eché ningún ramo, salí con un nada despreciable promedio y una excelente nota de tesis. Ahora, para mí el secreto no está en matarse estudiando (aunque esta vez si me apliqué mucho más que en el colegio, si no estaba perdida) sino en cacharle la mano a los profes. Recuerdo una mina bastante perra que tuvimos en uno de los talleres. Preparábamos estrategias bastante buenas, sin embargo en su ramo nos llovían los 3 y los 4. ¿por qué? Porque nos tomábamos el tiempo necesario en una estrategia digna pero no nos quedaba tiempo para el diseño. Al final, para una solemne cambiamos de táctica y la estrategia fue más o menos mediocre pero la estética era de lujo. ¿Resultado? Un 6. Otro, un profe de investigación me empezó a poner buenas notas en las pruebas cuando en ellas cuestionaba lo que había aprendido, él hacía comentarios como “me gustan los alumnos que tienen capacidad de razonar más allá de los que se les ha enseñado”. Con otros profes bastaba con ser simpática o quedarse conversando un rato después de clases: los barreros. Siempre los hay. Le caes bien a un barrero y estás al otro lado, le caíste mal y no hay por donde, siempre te pondrá peor nota de la que te mereces, y no queda otra que casi dar gracias porque no te puso un rojo.
Al final es raro este cuento de los profes de la u, sobre todo en mi carrera que ninguno de ellos son académicos, sino profesionales que los llaman para dar clases, nunca sabes si te están mirando con cara de “ustedes me van a quitar la pega en el futuro” o si están ahí solo porque en el CV se ve bonito dar clases, porque francamente hay varios que se les nota que no están ni ahí con enseñar nada, con cara de lata y esperando a que termine la hora. Por plata claramente no es, al menos en la UDP no pagan precisamente bien. Ahora por otra parte, debe ser super fome estar parado frente a 30 o 40 pendejos pajeros con el aburrimiento dibujado en la cara que están haciendo cualquier cosa menos poner atención: dibujando en el margen del cuaderno, o en las mesas, conversando o mandando mensajitos de texto o jugando con el teléfono… en fin, hay millones de cosas que se pueden hacer en una sala de clases para no pescar al profesor.
Al final, lo cierto es que el 90% de los profes que me tocaron a mí claramente no estaban ahí por la vocación de la educación, y francamente, el 90% de los alumnos tampoco. Me incluyo en todo caso, los primeros años bien, pero ya hacia el tercero la onda era sacar la carrera de mierda de una buena vez y lo más rápido posible solo por salir del cacho. Aunque siempre traté de no ser irrespestuosa y me daba un poco de verguenza ajena cuando cachaba a un grupito de gente hablando sin parar incluso después de la 4a vez que el profe pedía un poco de silencio, porque bueno, guste o no guste, igual la idea de ir a la universidad es aprender algo más de lo que pasó en el reality la noche anterior. A mí en general los profes -salvo algunos idiotas- me caían bien, más allá de la simpatía, porque saben más que yo y puedo aprender de ellos. Demostrando suficiente interés en el know-how que ellos tienen y tú no, se dan el tiempo de explicarte todo lo que no entendiste durante la clase, y al final, para mí aprender algo nuevo siempre fue interesante. Salvo contabilidad. Me metí a una carrera en comunicación para no tener que pasar por un ramo como contabilidad. Y el profesor, que no recuerdo como se llama, era un soberano cretino.
En todo caso, recuerdo mi época universitaria en general, como algo entretenido, donde conoces a un montón de gente, tomas un montón de cerveza y al final (y lo bueno es que siempre lo sabes) se acaba.
Si fuera millonaria, o al menos no necesitara trabajar para vivir haría dos cosas: viajar mucho y seguir estudiando. Yo sé que dije que al final quería salir de la carrera no más, pero era básicamente porque quería ser un ser económicamente auto suficiente y para eso necesitaba trabajar. Estudiaría, por ejemplo, psicología. No para ejercer, sino para entender un poco a esta especie rara que somos. Estudiaría paleontología, historia… cosas interesantes. Teoría. De práctica ya tuve bastante.
Y… bueno, por último debo decir, aunque ya lo escribí alguna vez, después de 4 años y medio en publicidad y 2 y medio en periodismo terminé en otra cosa nada que ver. Las vueltas de la vida, nunca se sabe. Aunque uno igual se la busca, algo que más o menos guste… que ironía.
13 Julio, 2008 a 11:24 pm
como se aplicará en este caso la frase “el mund es redondo”?
mil abrazos