La música en mi vida

No sé por qué les dio por poner esa música horrible en el paseo Ahumada… serán ideas del alcalde, que creerá que con ambientar dicho paseo uno se siente mejor. Plop.

Como sea me empecé a acordar de todas esas veces que curiosamente, sin buscarlo aparece música que tiene cierto nivel de sincronía con lo que está sucediendo en el momento. Por ejemplo recuerdo una vez en una de esas conversaciones inmediatamente post ruptura, a las que antes accedía si me lo pedían, en el Liguria de Pedro de Valdivia (que tiene techo transparente en ciertas partes) comenzó a sonar la canción de los Bunkers “Llueve sobre la ciudad”. La letra dice “llueve sobre la ciudad, por qué te fuiste, ya no queda nada más”, la cosa es que llovía a cántaros, y yo, sentada al lado de mi ex que en ese momento tenía cara de pomelo (amargo) pensaba que ojalá no estuviera pescando la canción, no dejó de tener cierta ironía ese momento.

No recuerdo otra anécdota así de específica, pero he tenido otros momentos en que la música, para bien o para mal como que se sintoniza con la experiencia, pero típico que cuando uno anda bajoneado suena “Yesterday” de los Beatles y dan ganas de cortarse las venas o cuando uno anda despechado suena “Laura no está” (que es la canción de despecho por excelencia). Así lo conversamos una vez con Dela, que algo así me contó también una vez que terminó con su mina. El otro día, cuando ayudé a la Rosa en su cambio de casa, quedó toda la tarde una radio puesta tipo “Romántica” con puras canciones o cebollas o bien que uno se imagina que el cantante se da latigazos. La cosa es que todavía no llegaba el Ipod y no se podía cambiar el dial de la radio (razón por la que terminó en la basura con todas las cajas vacías) y en algún minutos nos reímos pensando menos mal que estamos bien si no terminaríamos tirándonos al Mapocho con toda esa música patética.

No sé a ustedes, pero a veces la música logra que cambie de estados de ánimo, obviamente que si estoy demasiado en un extremo nada me bajonea o me levanta, pero cuando estoy en la pitilla una canción de las que yo llamo tipo “suicidation” (por ejemplo alguna de Radiohead) me puede tirar muy para abajo o algo más alegre, para arriba.

También para escribir cuentos la música me ayuda, según lo que estoy escribiendo pongo algo más o menos metalero, sensiblero, dark, etc, y más de alguna vez me ha pasado que el cuento cambia de giro cuando cambia el estilo de música… y me he dado cuenta después.

Y supongo que a todos nos pasa, que ciertas épocas de la vida están marcadas por alguna canción, banda o estilo, y al escuchar eso algunos años después nos evoca esa fase anterior. A mi me pasa constantemente… a veces recuerdo un momento muy específico, o alguna sensación de esa época. Por ejemplo cuando suena “The Crying Game” recuerdo inmediatamente las noches que me pasaba leyendo en vela las Crónicas Vampíricas (que ya no leo, por cierto… tenía 13 años), porque escuchaba un casette con canciones de películas. Me acuerdo perfecto de cómo era mi pieza, pero también los sentimientos de ese momento, que me cargaba estar viviendo allá, odiaba a todos mis compañeros de curso y mis libros eran mis mejores amigos, tenía muchos. Todo cambió por supuesto, como ya lo mencioné, cuando entré al club de teatro. Seguí leyendo mucho eso sí.

También cuando escucho Rastamandita, de Molotov inevitablemente me acuerdo de Juan, porque webeabamos ene con ese tema, también con Confesiones de Invierno porque la tocaba mucho en guitarra y obviamente con el flamenco.

Bueno, así sucesivamente. Supongo que por que la música tiene una gran presencia en mi vida, y siempre la ha tenido, cada época ha estado muy marcada por ella. Es como en Alta Fidelidad, y aunque Rob Gordon relacionaba la música a sus pésimas relaciones de pareja, igual sería entretenido hacer algo así como “el soundtrack” de mi vida, ordenado cronológicamente, o algo así. Supongo que sería un experimento interesante, aunque un poco disparatado y disconcordante.

Leave a Reply