Viñeta Autobiográfica I

Me dotaron de un nombre provisto de carácter, nombres españoles y fuerte, católicos, apostólicos y romanos. No sé cual habrá sido la intención, aunque de religiosidad tengo 0, asi que si tenían alguna idea, les salió el tiro por la culata.

Mi infancia fue relativamente tranquila. Era una niñita con el pelo casi blanco, después se me oscureció un poco. Cuando me enojaba abría la boca, no sé por qué. Hace poco me acordé de eso. Odiaba el colegio, no hacía nunca las tareas y no le tenía miedo al rídiculo. Mi mejor amiga era la Claudia, la conocí cuando tenía 5 años, vivíamos en el mismo edificio. De ahí en adelante por alguna razón u otra terminamos siendo vecinas. Con ella me fumé un cigarro por primera vez, de mona claro. Pero en general era una pendeja pava, buena onda e inocente, aunque un poco hinchapelotas. Hija única y consentida, aunque me portaba bien y no pasaba demasiado de la raya.  Asi fue todo, entre el detestable colegio, el Quisco con mis abuelos en vacaciones o algunos fines de semana. La primera cercanía con la enfermedad fue mi tía abuela, la Haydée. Despertó mirándose las manos sin reacción a lo que le decía, resultó ser una hemiplegia que le paralizó la mitad del cuerpo. No sé cuanto habrá pasado, después de eso la vi pocas veces y se murió cuando le vino un segundo ataque. No me quisieron llevar al funeral, quizás pensaron que era demasiado chica para entender esas cosas.

Pasó el tiempo y nos fuímos a Londres. Yo tenía 12 años recién cumplidos, y de Inglaterra sólo sabía que era la tierra de Freddy Mercury. Queen era mi grupo favorito. El primer día fue uno de llantos y promesas de volver lo antes posible, máximo un año. Entré a un colegio raro, para extranjeros y mis compañeros eran de Rusia, de Brunei o Irán. Por lo menos aprendí a hablar inglés, con garabatos y todo. Mi palabra favorita era “fuck”.

Al año me cambiaron a un colegio inglés, yo pasé a ser una de los 5 extranjeros, la única latina. Por esa época se puso de moda la canción “Macarena”. Desde ese momento hasta el último día que estuve escuché “hey Macarena” todos los putos días en el pasillo. Nuevamente, odiaba el colegio. Era solitaria y pasaba los recreos en la biblioteca. Nunca fui a clases de gimnasia, aunque cuando me pillaron dije que tenía… no lo recuerdo, algo que me impedía hacer ejercicio, igual me obligaron a ir a clases y sentarme a mirar.

Un par de años antes de venirme entré al club de teatro del colegio. Ahí me convertí en una persona un poco más sociable, aprendí a pararme en un escenario con público, empecé a carretear, probé el acohol y la marihuana… sigo tomando, marihuana ya no pruebo. Pero empecé a echar de menos y volví. 10 años después aquí estamos todavía. Aunque no por mucho tiempo más.

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